L’arxiu municipal presenta el “Expedient de Nomenament de Guarda Particular Jurat” com a document del primer mes de l’any

    Es tracta d’un document del 1923 en el qual l’Ajuntament de Crevillent tria a un guàrdia particular jurat anomenat Francisco Puig Quesada

Crevillent (03/01/2023).- El 10 de novembre de 1849, sota el regnat d’Isabel II, la gaseta de Madrid (actual BOE) publica el Reglament per als guardes municipals i particulars de camp de tots els pobles de regne. Aquest document distingeix entre els guardes municipals, que depenien de l’ajuntament, i els particulars, que depenien dels amos de finques on eren contractats per a prestar els seus serveis, si bé tots dos eren nomenats per l’alcalde, després de comprovar que complien els requisits i exigir-los una fiança.

En un primer moment, aquests guardes tenien com a missió vigilar vedats, viles, finques, parcs i xicotetes àrees rurals privades. Els guardes jurats de camp estaven primerament sota la direcció i inspecció dels alcaldes, als qui havien de presentar informes. Cada municipi establia la seua uniformitat, si bé tots havien de portar una bandolera de cuir ampla, en la qual es clavava la placa de guarda de camp i el nom del municipi.

Sota el regnat d’Alfons XII, es modifica la regulació d’aquests guardes i en el nou Reglament de la Guàrdia Civil (Reial orde del Ministeri de Foment, de Guarderia Rural de 9 d’Agost de 1.876), se li afigen les funcions de Guarderia Rural i els guardes de camp passen a dir-se guardes jurats, quedant sota la direcció de la Guàrdia Civil. El guarda jurat usava una carabina lleugera i des de 1.876 se li afig una baioneta i els de cavall portaven, a més, el sabre de la cavalleria lleugera.

Des de la seua fundació per Reial decret, fins a començaments del franquisme, el guarda jurat va romandre amb l’única missió de vigilar zones rurals, en el seu més ampli sentit. No sols protegia els béns dels qui li contractaven (incloent finques, granges, cases rurals, ermites, jaciments arqueològics, bombes d’aigua, bogues, sistemes de reg, casetes de camp o ferramentes agrícoles), sinó que era freqüent que facinerosos fugits caigueren a les seues mans.

En 1923, fa just cent anys, l’Ajuntament de Crevillent va triar com a guàrdia particular jurat a Francisco Puig Quesada, nomenament acompanyat per un certificat del capellà-rector de La nostra Senyora de Betlem, Sr. Pascual Martínez, en el qual confirma que la persona proposada “sembla persona honrada i gaudeix de bona fama i opinió.” Resulta molt interessant que el títol incloga les característiques físiques, en aquest cas de Francisco, de 48 anys d’edat, d’ofici pastor, cabells negres, ulls castanys, cara redona, barba tancada, color trigueño i 1,62 metres d’alçada.

El nomenament inclou les finques assignades a la seua vigilància, denominades Sierra Baja, a més dels Saladars, a saber, l’actual Parc Natural del Fondo. A l’octubre de 1923, l’Enginyer Cap del districte forestal, va inspeccionar i va delimitar les fites d’aquests terrenys, acompanyat en la corresponent inspecció pels guardes Francisco Puig i José Pérez, un treball que els va suposar el salari de 5 pessetes a cadascun, segons consta en el corresponent rebut que diu així:

Francisco Puig Quesada i José Pérez Espinosa, per ordre del Sr. Alcalde, Don Manuel Villalba, van assistir el dia 28 de setembre proppassat, com a pràctics per a acompanyar al Sr. Enginyer Cap del Districte forestal, per a efectuar un reconeixement en els Saladars d’aquesta vila, i ens resta abonar aquest municipi cinc pessetes per cadascun, pel nostre jornal.

Crevillent, 15 d’octubre de 1923.

Són 10 pessetes.

José Pérez. (Signatura). Francisco Puig. (Signatura).”

 

El archivo municipal presenta el “Expediente de Nombramiento de Guarda Particular Jurado” como documento del primer mes del año

  • Se trata de un documento del 1923 en el que el Ayuntamiento de Crevillent elige a un guardia particular jurado llamado Francisco Puig Quesada

Crevillent (03/01/2023).- El 10 de noviembre de 1849, bajo el reinado de Isabel II, la gaceta de Madrid (actual BOE) publica el Reglamento para los guardas municipales y particulares de campo de todos los pueblos de reino.

Este documento distingue entre los guardas municipales, que dependían del ayuntamiento, y los particulares, que dependían de los dueños de fincas donde eran contratados para prestar sus servicios, si bien ambos eran nombrados por el alcalde, tras comprobar que cumplían los requisitos y exigirles una fianza.

En un primer momento, estos guardas tenían como misión vigilar cotos, villas, fincas, parques y pequeñas áreas rurales privadas. Los guardas jurados de campo estaban primeramente bajo la dirección e inspección de los alcaldes, a quienes debían presentar informes. Cada municipio establecía su uniformidad, si bien todos debían llevar una bandolera de cuero ancha, en la que se clavaba la placa de guarda de campo y el nombre del municipio.

Bajo el reinado de Alfonso XII, se modifica la regulación de estos guardas y en el nuevo Reglamento de la Guardia Civil (Real Orden del Ministerio de Fomento, de Guardería Rural de 9 de Agosto de 1.876), se le añaden las funciones de Guardería Rural y los guardas de campo pasan a llamarse guardas jurados, quedando bajo la dirección de la Guardia Civil. El guarda jurado usaba una carabina ligera y desde 1.876 se le añade una bayoneta y los de a caballo portaban, además, el sable de la caballería ligera.

Desde su fundación por Real Decreto, hasta comienzos del franquismo, el guarda jurado permaneció con la única misión de vigilar zonas rurales, en su más amplio sentido. No sólo protegía los bienes de quienes le contrataban (incluyendo fincas, granjas, casas rurales, ermitas, yacimientos arqueológicos, bombas de agua, lindes, sistemas de riego, casetas de campo o aperos agrícolas), sino que era frecuente que forajidos huidos cayeran en sus manos.

En 1923, hace justo cien años, el Ayuntamiento de Crevillent eligió como guardia particular jurado a Francisco Puig Quesada, nombramiento acompañado por un certificado del cura-párroco de Nuestra Señora de Belén, D. Pascual Martínez, en el que confirma que la persona propuesta “parece persona honrada y goza de buena fama y opinión.” Resulta muy interesante que el título incluya las características físicas, en este caso de Francisco, de 48 años de edad, de oficio pastor, pelo negro, ojos castaños, cara redonda, barba cerrada, color trigueño y 1,62 metros de estatura.

El nombramiento incluye las fincas asignadas a su vigilancia, denominadas Sierra Baja, además de Los Saladares, a saber, el actual Parque Natural del Hondo. En octubre de 1923, el Ingeniero Jefe del distrito forestal, inspeccionó y delimitó los linderos de estos terrenos, acompañado en la correspondiente inspección por los guardas Francisco Puig y José Pérez, un trabajo que les supuso el salario de 5 pesetas a cada uno, según consta en el correspondiente recibo que dice así:

Francisco Puig Quesada y José Pérez Espinosa, por orden del Sr. Alcalde, Don Manuel Villalba, asistieron el día 28 de septiembre próximo pasado, como prácticos para acompañar al Sr. Ingeniero Jefe del Distrito forestal, para efectuar un reconocimiento en los Saladares de esta villa, y nos resta abonar este municipio cinco pesetas por cada uno, por nuestro jornal.

Crevillente, 15 de octubre de 1923.

Son 10 pesetas.

José Pérez. (Firma). Francisco Puig. (Firma).”

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