L’Arxiu Municipal tria els Reglaments Municipals de 1884 com a Document del Mes

El Document del Mes de juliol ens compta l’origen i l’evolució dels serens municipals

Crevillent (28/072021).- Des de mitjan segle XIX, l’Ajuntament consigna l’existència de dos serens com a empleats públics, dotats d’uniformes i armament per al manteniment de la seguretat ciutadana i un salari de 540 reals, un sou molt per davall d’altres funcionaris com el porter o el pregoner, que cobraven 1.440 i 912 reals respectivament, i “la situació dels quals els obliga a viure de la caritat pública, dejunar contra la seua voluntat i vestir esparracats”, segons reflecteixen les actes plenàries.

L’origen dels serens el trobem en l’edicte de Carles IV publicat el 28 de novembre de 1797, encara que l’extensió d’aquest servei per tot el país va ser a partir del RD de 16 de setembre de 1834, les funcions assignades del qual a aquest cos eren l’enllumenat i la seguretat ciutadana; dotats d’uniformes i armes, s’encarregaven de cuidar, netejar i encendre l’enllumenat públic que funcionava amb oli.

El 8 de juny de 1884, l’Ajuntament de Crevillent aprovava el primer Reglament per a l’organització i establiment dels serens municipals, que recull les condicions d’accés i obligacions, en un total de 12 articles.

La llei municipal vigent de 1876, en el seu article 78, establia que els serens, com a empleats públics, eren nomenats per l’alcalde, qui dirigia i vigilava la seua conducta i podia suspendre’ls de sou i de feina fins a 30 dies, així com proposar la seua destitució a l’Ajuntament.

Els aspirants a ocupar una plaça havien de reunir les següents condicions: edat compresa entre els 25 i 40 anys, no tindre defecte físic que impedisca l’acompliment del càrrec, talla no menor a l’exigida per al servei militar, constitució robusta, ser llicenciat de l’exèrcit amb bones notes, preferiblement saber llegir i escriure, tindre bons costums reconeguts, gaudir de bona opinió i fama i no tindre antecedents penals.

Quant a les obligacions, aquests funcionaris municipals havien de recórrer i vigilar el districte assignat, des de les 8 de la nit a l’hivern i les 9 a l’estiu, fins a l’alba, “anunciant l’hora i l’estat de l’atmosfera en veu alta,” per al que havien de tindre una bona veu, element que també es tenia en compte per al seu nomenament.

Les seues funcions eren impedir els sorolls, atropellaments i atacs a les persones i cases, així com donar avís en cas d’incendi; de fet les Ordenances de Policia Urbana i Rural de 1876, esmenta que el seré havia d’avisar en veu alta el nom i número del carrer on tenia lloc el sinistre i cridar al rector, alcalde, tinent d’alcalde, arquitecte, agutzil i agents de l’autoritat local.

També prestaven ajuda als veïns que necessitaren un facultatiu, medicaments o algun sagrament, recorrent als metges, llevadores, *boticas, rector i notari del seu districte. Cuidaven de tancar les botigues i cases a l’hora assignada i tractaven d’evitar la circulació pels carrers de venedors de licors o café, borratxos, captaires i prostitutes.

Aquest reglament cita, expressament, que els veïns no tiraren fems a la séquia pública, quan ja estava en marxa el projecte de construcció del primer edifici destinat a Safareig Públic en ple centre urbà.

Els serens entregaven les cavalleries i bestiar perduts o abandonats a l’alcalde i denunciaven tota classe de delictes i faltes contra la propietat urbana, el comerç i la seguretat personal, abans de 24 hores.

Poc després, en 1890, aquest reglament va ser modificat en l’aspecte referit a l’horari del servei d’enllumenat públic, que tenia en compte l’estació de l’any i sobretot, la lluna plena amb la finalitat d’estalviar combustible. Els fanals estaven sempre encesos en les nits de Setmana Santa i de la festa de Sant Cayetano, així com els de la Plaça i la carretera que travessava la població.

Amb l’arribada de l’electricitat, el cos de serens va ser substituït pel de vigilants nocturns.

 

El Archivo Municipal elige los Reglamentos Municipales de 1884 como Documento del Mes

  • El documento del Mes de julio nos cuenta el origen y la evolución de los serenos municipales

Crevillent (28/072021).- Desde mediados del siglo XIX, el Ayuntamiento consigna la existencia de dos serenos como empleados públicos, dotados de uniformes y armamento para el mantenimiento de la seguridad ciudadana y un salario de 540 reales, un sueldo muy por debajo de otros funcionarios como el portero o el pregonero, que cobraban 1.440 y 912 reales respectivamente, y “cuya situación les obliga a vivir de la caridad pública, ayunar contra su voluntad y vestir andrajosos”, según reflejan las actas plenarias.

El origen de los serenos lo encontramos en el edicto de Carlos IV publicado el 28 de noviembre de 1797, aunque la extensión de este servicio por todo el país fue a partir del R.D. de 16 de septiembre de 1834, cuyas funciones asignadas a este cuerpo eran el alumbrado y la seguridad ciudadana; dotados de uniformes y armas, se encargaban de cuidar, limpiar y encender el alumbrado público que funcionaba con aceite.

El 8 de junio de 1884, el Ayuntamiento de Crevillent aprobaba el primer Reglamento para la organización y establecimiento de los serenos municipales, que recoge las condiciones de acceso y obligaciones, en un total de 12 artículos.

La ley municipal vigente de 1876, en su artículo 78, establecía que los serenos, como empleados públicos, eran nombrados por el alcalde, quien dirigía y vigilaba su conducta y podía suspenderles de empleo y sueldo hasta 30 días, así como proponer su destitución al Ayuntamiento.

Los aspirantes a ocupar una plaza debían reunir las siguientes condiciones: edad comprendida entre los 25 y 40 años, no tener defecto físico que impida el desempeño del cargo, talla no menor a la exigida para el servicio militar, constitución robusta, ser licenciado del ejército con buenas notas, preferiblemente saber leer y escribir, tener buenas costumbres reconocidas, gozar de buena opinión y fama y no tener antecedentes penales.

En cuanto a las obligaciones, estos funcionarios municipales debían recorrer y vigilar el distrito asignado, desde las 8 de la noche en invierno y las 9 en verano, hasta el amanecer, “anunciando la hora y el estado de la atmósfera en voz alta,” para lo que debían tener una buena voz, elemento que también se tenía en cuenta para su nombramiento.

Sus funciones eran impedir los ruidos, atropellos y ataques a las personas y casas, así como dar aviso en caso de incendio; de hecho las Ordenanzas de Policía Urbana y Rural de 1876, menciona que el sereno tenía que avisar en voz alta el nombre y número de la calle donde tenía lugar el siniestro y llamar al párroco, alcalde, teniente de alcalde, arquitecto, alguacil y agentes de la autoridad local.

También prestaban ayuda a los vecinos que necesitaran un facultativo, medicamentos o algún sacramento, recurriendo a los médicos, comadronas, boticas, párroco y notario de su distrito. Cuidaban de cerrar las tiendas y casas a la hora asignada y trataban de evitar la circulación por las calles de vendedores de licores o café, borrachos, mendigos y prostitutas.

Este reglamento cita, expresamente, que los vecinos no echaran basuras a la acequia pública, cuando ya estaba en marcha el proyecto de construcción del primer edificio destinado a Lavadero Público en pleno centro urbano.

Los serenos entregaban las caballerías y ganado perdidos o abandonados al alcalde y denunciaban toda clase de delitos y faltas contra la propiedad urbana, el comercio y la seguridad personal, antes de 24 horas.

Poco después, en 1890, este reglamento fue modificado en el aspecto referido al horario del servicio de alumbrado público, que tenía en cuenta la estación del año y sobre todo, la luna llena con el fin de ahorrar combustible. Los faroles estaban siempre encendidos en las noches de Semana Santa y de la fiesta de San Cayetano, así como los de la Plaza y la carretera que atravesaba la población.

Con la llegada de la electricidad, el cuerpo de serenos fue sustituido por el de vigilantes nocturnos.

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